lunes, 30 de julio de 2012

Deporte y homosexualidad

Las figuras públicas atraen la atención, pero es posible que nada resulte tan atractivo como un rumor de homosexualidad en famosos. Para eso, la fama debe haberse establecido en un área considerada masculina, como algunos deportes, o en un famoso de aspecto masculino. Por ejemplo, atletas olímpicos, futbolistas de nivel mundial, políticos de primer mundo. Hay el supuesto general de que el descubrimiento acaba con una carrera. Un reciente estudio publicado en el British Journal of Sociology lo niega.

Los temores a “salir del clóset” pueden ser infundados en estos tiempos. El estudio, conducido por Ellis Cashmore y Jamie Cleland, de la Universidad de Staffordshire, tomó una muestra amplia, 3,500 simpatizantes del futbol soccer, y aplicó una encuesta de forma anónima. Ha sido “el primer estudio empírico del odio al homosexual en la cultura de los fans”, como ya decimos. La mayor parte de los encuestados fueron británicos, pero hubo respuestas procedentes de 35 países.

“Aun a la luz de estos nuevos hallazgos, un hecho se mantiene, y es que en la historia del futbol británico no ha habido sino un solo jugador abiertamente gay”, dice Cleland. “Los fans culpan a los agentes de los jugadores, temerosos de perder sus comisiones, y a los clubes conservadores que desean mantener el status quo. Es el mercado lo que prohíbe a los jugadores gays aceptarse en público”.

En diciembre de 2009 una leyenda del rugby (¡rugby!), Gareth Thomas, esperó hasta la última etapa de su carrera, los 35 años, para hacer pública su homosexualidad convencido de que la afectaría.

Nada tan atractivo como las grandes estrellas del deporte. Pero también depende: a nadie le interesa el rumor de que la levantadora de pesas chaparrita, rechoncha y con mirada de matasiete es lesbiana, tampoco interesa que otro diseñador más de alta costura sea gay. Pero el rumor de que la gran estrella del futbol inglés y ultraguapo David Beckham es gay atrae titulares. Si le añadimos un romance con Tom Cruise, está en todas las conversaciones.

“Se cree en general que el futbol no está preparado para aceptar jugadores abiertamente gays”, dice Cashmore. Asociaciones inglesas tuvieron posturas opuestas al respecto en 2010: hacer campaña contra el odio al homosexual o esperar, para hacerla, “a que las multitudes fueran un poco más civilizadas”, señala el reporte. La experiencia afirma que nunca se está preparado para nada. Se debe pelear todo cambio.

Una opinión basada en simple sensatez nos diría que, si ya las multitudes “son un poco más civilizadas” para aceptar la campaña, ya ésta perdió todo su sentido. Pero los resultados de la encuesta dieron un número sorprendente: el 93 por ciento de los fans respondieron que estaban en contra del rechazo y apoyarían a jugadores abiertamente homosexuales sin más límite que la calidad de su juego. Esto echa por tierra la común y muy arraigada creencia de que los fans de un deporte crean una automática cultura de intolerancia a la homosexualidad.

A finales de los años 70, el futbolista Justin Fashanu, inglés de origen nigeriano, fue comprado por el Nottingham Forest en un millón de libras, monto sin par en la época. Fashanu se dejó ver como asiduo a bares gays. Aunque marcó “el gol del año” ante el Liverpool en 1980, eso no evitó que le gritaran “maricón” desde las tribunas. “El 22 de octubre de 1990 su vida cambió para siempre cuando aceptó una entrevista con el tabloide escandaloso The Sun, dice el Brit corner”. En ese medio, hizo públicas sus relaciones con un parlamentario conservador y casado.

Su carrera fue en picada. Buscó mayor aceptación en EU y Canadá. Volvió a equipos ingleses de segunda y el 2 de mayo de 1998, con 37 años, se ahorcó en Londres.

Cashmore añade que, si bien se asume que los aficionados son hostiles a los jugadores gays, “estamos ante la primera evidencia de que encontrarían aprobación en todas las edades y condiciones, lo cual dice que la idea de un rechazo antihomosexual articulado en la cultura fan, es falsa”.

Los ejemplos cotidianos de otros famosos abundan sin diseño experimental: los alcaldes de las dos ciudades más famosas del mundo, París y Berlín, no ocultaron su homosexualidad durante sus campañas. Es posible que Bertrand Delanöe haya calculado con sensatez: resultará peor que un pasquín me publique una foto ligando en el Champs de Mars a la 1 am. Klaus Wowereit, de Berlín, ha ganado tres elecciones. Eso lo apunta a la presidencial de 2013.

La carrera de Ricky Martin no se vino abajo, mejoró, y es ahora un hombre más libre, tanto que al recibir un premio y ante un auditorio repleto se dirija a un hombre allí presente como “my boyfriend” y le dedique una sonrisa cálida.

Han pasado 20-25 años, número que evidencia una conclusión: no cambia la gente, cambian las generaciones. Y un corolario: a condición de que haya quién dé la pelea que, puede ser tan simple como un: “Sí, ¿y?”

Fuente: SE DESCUBRIÓ QUE...Luis González de Alba / Milenio.com


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